Desde la ausencia, con la nostalgia de los años, perdido en otros horizontes, escribió esta poesía titulada "Añoranza" y dedicada a Alcaucín
Sediento estoy del agua de tu fuente
que miles de veces aplacó mi sed
y continuamente vivo hambriento
de la satisfacción de volverte a ver.
Tus cinco caños, como los cinco dedos de una mano,
manando agua día y noche sin cesar,
deleitan el sabor de cada humano
que tuvo la dicha de probar.
Tus empinadas calles serpenteantes
deslumbran con la blancura de su cal
los ojos de los visitantes
que buscan en tí sosiego y paz.
Tus viñas, trigos y olivares
que dan al hombre vino, aceite y pan
hacen soñar con sus sabores
de todo el que trabaja con afán.
Al pasar de los años hay quien olvida
la tierra que en tiempos le vio nacer,
pero yo no te olvido, tierra querida,
y a tí pienso siempre poder volver.
A pesar de la distancia que nos separa
y del tiempo transcurrido sin dilatación,
jamás hubo nada que me impulsara
a perder la esperanza de verte, con ilusión.
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